lunes, 14 de diciembre de 2009

En Busca de la cocina Perdida Laura Esquivel

Agua, aire, tierra, fuego, espiritu, los elementos de la vida, la primera vez que leí este texto un escalofrío dulce pero extraño me recorrió entera, quizá compartan conmigo que el amor a la lumbre del hogar es lo más mágico y ecológico que hombres y mujeres lleguen a experimentar en sus vidas.
"Los primeros años de mi vida los pasé junto al fuego de la cocina de mi madre y de mi abuela, viendo como estas sabias mujeresal entrar en el recinto sagrado de la cocina, se convertían en sacerdotizas, en grandes alquimistas que jugaban con el agua, el fuego, la tierra, los cuatro elementos que conforman la razón de ser del universo.
Lo más sorprendente es que lo hacían de la manera más humilde, como si no estuvieran haciendo nada, como si no estuvieran modificando el mundo con el poder purificador del fuego, como si no supieran que los alimentos que ellas preparaban y que nosotras comíamos permanecían dentro de nuestros cuerpos por muchas horas alterando quimicamente nuestro organismo, nutriendonos el alma, , el espiritu, dándonos identidad, lengua, patria.
Fué ahí , frente al fuego, donde recibí de mi madre las primeras lecciones de lo que era la vida.Fué ahí donde Saturnina , una sirvienta recién llegada del campo, a quien cariñosamente llamabamos Sato, me impidió un día pisar un grano de maíz tirado en el piso porque en él estaba contenido el dios del maíz y no se le podía faltar el respeto de esa manera.
Fué ahí, en el lugar más común para recibir visitas , donde yo me enteré de lo que pasaba en el mundo.Fué ahí , pues, donde atrapada por el poder hipnotico de la llama, que escuché todo tipo de historias, pero sobre todo , historias de mujeres.
Más tarde tuve que salir, me alejé por completo de la cocina.Tenía que estudiar, prepararme para mi actuación futura en la sociedad , para obtener un lugar junto a los hombres, y la posibilidad de tomar mis propias decisiones.
La escuela estaba llena de conocimientos y de sorpresas.
Para empezar me enteré que dos más dos son cuatro, que ni los muertos, ni las piedras, ni las plantas hablan, que no existen los fantasmas, que el dios del maíz y todos los demás dioses pertenecen al pensamiento mágico, y que no tienen cabida en el mindo racional, cientifico y moderno.
¡Uf, cuantas cosas aprendí! Me sentí tan superior en esa época a las pobres mujeres que pasaban su vida encerradas en la cocina.
Sentía mucha lástima de que nadie se hubiera encargado de hacerles saber que el dios del maíz no existe.
Creía que en los libros y en las universidades estaba contenida la verdad del universo.Con el título en una mano y con el gérmen de la revolución en la otra, el mundo se habría para mi;el mundo público, porsupuesto completamente alejado del hogar.
Muchas de nosotras participamos durante los años sesenta en la consolidación de la lucha que otras mujeres ya habían iniciado a principios de siglo.
Sentíamos que las cosas por las que valía la pena luchar , vivir, estaban ahí, fuera de casa.No había tiempo para perder , mucho menos en la cocina donde no pasaba nada.
Participábamos en los movimientos sociales que propiciarían el nacimiento del nuevo hombre , tomábamos las calles, repartíamos flores, y se crearon comunas y se escucharon cantos de protesta, y nos pusimos los pantalones.
Mientras aparecía el nuevo hombre, me casé con un gran hombre, y tuve una maravillosa hija, a los que debía alimentar.Y de pronto, descubrí que cocinar era todo un acto de amor, que...al igual que uno cambia cosas en el mundo público, uno modifica el mundo en la cocina.
Y yo quería que mi hija comiera lo mismo que yo había comido,... lo malo es que ya no me acordaba de la receta.
Algunas veces llamaba a mi mamá por teléfono, otras apenada, trataba de recordarlas yo mismay descubrí que sin ningún problema escuchaba la voz de mi madre, de mi abuela muerta o de mis tías diciéndome cual era la manera de preparar tal o cual plato.
Y de pronto , si yo quer´ia que mi hija probara la misma salsa que yo había comido , tenía que prepararla en un mortero pues, en licuadora no sabía igual.
De pronto me di cuenta que no era tiempo perdido, era "el tiempo perdido".
Mi hija se enfermó de pronto y tenía mucha fiebre , el médico no sabía lo que tenía pero la curandera del mercado le quitó el empacho y en un momento se alivió, empecé a confiar más en los tes de mi mamá que en las medicinas, y de pronto me aterroricé de ver que mi hija estaba sustituyendo el poder hipnótico del fuego por el de la televisión y la memoria de la tribu por la de los comerciales.
Quise gritar al mundo mi verdad, decirles que la cocina no es ese lugar satanizado ; porque así como tuvimos que gritar que las mujeres no solo eramos capaces de trabajar en la pileta, fué necesario volver a gritar que no teníamos porqué olvidar el placer y la vida que representa nuestro pasado, apreciando con conciencia a la cocina como fuente de placer, de gozo, de conocimiento, de vida.
Quería recordarles a todos de dónde veníamos y compartirlo con todo el mundo...y escribí "Como agua para chocolate", que no es sino el reflejo de todo lo que soy.
Y lo que soy en gran parte fué determinado por las mujeres que me antecedieron.
Por eso quice recibir mi premio frente a este elemento que ha reunido al hombre por milenios.
Sé que de esta manera ellas están en este momento con nosotros, quiero recibir el reconocimiento en nombre de mi madre, de mi hija, de mi abuela, de Sato, Tita ,Regina....y todas las personas antes y después de ellas que nos ponen en contacto día a día y año tras año con nuestro verdadero origen.
Y quiero compartirlo con todas las mujeres que no han olvidado que las piedras hablan, que l atierra es un ser vivo, que reconocen el yin y el yang en sus cuerpos, que valoran la producción , la razón, la emoción, , lo espiritual, lo material, durante los doce y masculinos meses solares, durante las trece mágicas y femeninas lunas cada año de sus vidas sin que nadie les haya dado un reconocimiento."
"Mensaje leído el 26/01/93, en la ciudad de Mexico, al ser elegida "La mujer del año"

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